Los expertos descartan un seguimiento de los pacientes de cáncer mama a
partir de los cinco
años
El cáncer de mama es el más frecuente entre las mujeres de los países
occidentales. En España,
tiene una incidencia anual de 16.000 casos y provoca aproximadamente 6.000
muertes al año. Sin
embargo, se ha conseguido disminuir la mortalidad anual hasta un dos por ciento,
y la
supervivencia, después de cinco años, ya se encuentra en el 85 por ciento, muy
por encima de la
mediana europea. Con estos datos empezaba la XII Jornada sobre el Cáncer de
mama, organizada en
el Hospital del Mar de Barcelona recientemente, dónde se abordó la situación
actual de las
pacientes de cáncer de mama en nuestro país.
Los números son alentadores, respecto a la calidad del servicio de nuestros
hospitales y la
calidad de vida de las pacientes. No obstante, esta jornada intentó esclarecer
un tema de
debate importante: la necesidad o no de un seguimiento de la enfermedad después
de cinco años.
El jefe de servicio del departamento de Oncología del Hospital de Sant Pau,
el doctor Agustí
Bernadas, abrió la ponencia recalcando que a pesar de que "en los tres primeros
años -después
del tratamiento del cáncer de mama- hay un alto índice de recaída, más tarde
disminuye
considerablemente". De esta forma, y con la ayuda de algunos estudios
científicos, argumentó el
hecho de que "no hay relación entre un seguimiento posterior a los cinco años y
más calidad de
vida para la paciente". El doctor Bernadas aseguró que un seguimiento en
hospital no es
necesario, ya que supone un "gasto innecesario de recursos", y sería más
eficiente y útil para
la paciente un seguimiento en centros de atención primaria, más ajustado al
aspecto emocional y
psicológico que en el médico, propiamente dicho.
Por otra parte, hizo referencia a las pacientes postmenopáusicas, ya que
apuntó que ellas son
las que tienen un "tiempo de riesgo de recaída más prolongado", y por tanto son
las,
probablemente, más indicadas en realizar un seguimiento posterior a los cinco
años, aunque
recalcó que "médicamente no hay relación con un aumento de la calidad de vida" y
por lo tanto
sería sólo como medida de precaución.
La doctora Soledad Romea, adjunta de la Gerencia de ámbito de atención
primaria de la ciudad de
Barcelona, apoyó los argumentos del doctor Bernadas, y añadió la necesidad de
"un tratamiento
multidisciplinar", dónde exista una cooperación de todos los niveles de
asistencia. Así,
explicó que "la fase inicial del seguimiento está muy vinculada al hospital,
pero las fases
siguientes deberían llegar a ser compartidas entre hospital y atención
primaria". De esta
forma, reiteró la idea del doctor Bernadas: "La asistencia primaria puede
encargarse
perfectamente del seguimiento, sin producirse deterioro ni diferencia con la
asistencia del
especialista".
Los dos facultativos también se refirieron a las pruebas necesarias para un
buen control de la
enfermedad. Así, el doctor Bernadas especificó la capacidad de detección de las
mamografías (un
69 por ciento de las detecciones de tumor contralateral se hicieron con esta
prueba) en
detrimento de otras técnicas de imagen, como radiografías. El especialista
explicó que "sólo la
mamografía se ha mostrado útil para mejorar la supervivencia de las pacientes",
y que el uso de
otras técnicas provoca un derroche de los recursos.
En la primera mesa de la Jornada también se plantearon las necesidades de las
pacientes y las
requeridas mejoras del sistema actual de atención de esta enfermedad. De ese
modo, se acentuó
la necesidad de mejorar la atención psicológica, de hacer un seguimiento más
personalizado y de
facilitar un acceso rápido en caso de recaída. El doctor Bernadas, además,
aportó la idea de
crear un tutor para el paciente y reivindicó "el papel de la enfermera como
gestora y
vehiculizadora del seguimiento".
Por último, la tercera ponente de la mesa, la doctora María Antonia Llanger,
directora del
centro de atención primaria Encants de Barcelona, se centró en la realidad
cotidiana de las
pacientes más concretamente, en las dificultades y problemas que deben vencer
durante y después
de la enfermedad. De esta forma, quiso destacar la importancia del proceso de
cribaje en las
mujeres de entre 40 y 70 años para diagnosticar a tiempo el cáncer de mama, así
como la
necesidad de revisiones anuales con mamografías y autoexploraciones mensuales
realizadas tanto
por las mujeres que ya han padecido un cáncer de mama, como para aquellas
mujeres que no lo han
sufrido.