No se debe reducir ni
abandonar el tratamiento sin control médico
Al llegar las vacaciones, a muchos se les olvida meter en la maleta
algo imprescindible: su medicación. "Al menos un 25 por ciento de
las personas que padecen hipertensión reduce o suspende su
tratamiento en estas fechas", asegura Julián Segura, especialista de
la Unidad de Hipertensión del Hospital 12 de Octubre de Madrid.
"Tanto mayores como jóvenes se toman sus propias vacaciones
terapéuticas y modifican su medicación a su gusto, a veces creyendo
que por el calor les va a bajar la tensión, cuando no es así",
explica.
No obstante, Segura confiesa que a veces la culpa es de los
profesionales sanitarios, que no informan a los pacientes de la
importancia de tener controlada su enfermedad. "No son conscientes
de que una presión arterial elevada, pese a no dar síntomas, es
peligrosa", afirma. Así, si un paciente decide reducir o abandonar
su tratamiento, la consecuencia principal a corto plazo que esto
puede tener es que "se le estropeen las vacaciones por una subida de
tensión y tengan que buscar un centro de salud allá donde se
encuentren", manifiesta. A largo plazo, si la no adherencia
persiste, el paciente puede llegar a sufrir una angina de pecho, un
infarto, un derrame cerebral, un deterioro progresivo de la función
renal, trombosis cerebral o problemas de circulación en piernas y
brazos, insiste Segura.
Mareos y desmayos
Por otra parte, aquellos que tienen baja la tensión, en verano deben
tener un cuidado especial. "Con el aumento de las temperaturas, el
calor provoca que nuestro sistema circulatorio se vasodilate,
aumentando el tamaño de las arterias y causando un descenso de la
tensión", señala el doctor Segura. Como consecuencia de ello, se
pueden producir mareos, desmayos, sensación de cansancio,
agotamiento, fatiga... En el caso de desmayo, Segura aconseja tumbar
al afectado y levantarle las piernas. "Tomar gran cantidad de
líquidos y evitar muchas horas de sol es clave", concluye.