Devorar rápidamente las comidas podría ser suficiente para doblar
el riesgo de ser obeso, dice un estudio japonés.
Los científicos de la Universidad de Osaka estudiaron los hábitos
alimenticios de 3.000 personas y reportaron sus conclusiones en al
publicación British Medical Journal.
Los problemas con los sistemas que le indican al cuerpo cuándo dejar
de comer parecen ser en parte responsables, dice un experto en
nutrición británico.
Indicó que comer deliberadamente más lentamente al sentarse a la
mesa podría tener un impacto sobre el peso.
El estudio más reciente examinó la relación entre la velocidad en
que se consume el alimento, la sensación de saciedad y la obesidad.
Casi la mitad de los 3.000 voluntarios manifestaron a los
investigadores que tenían la tendencia a comer rápido.
Comparados con aquellos que no lo hacían rápidamente, los hombres
que comían rápido exhibían 84% más probabilidades de ser obesos,
mientras que con las mujeres era casi el doble.
Aquellos que, además de devorar sus alimentos, comen hasta sentirse
llenos, aumentan al triple las probabilidades de ser obesos.
Señales del estómago
El profesor Ian McDonald, de la Universidad de Nottingham, dijo que
hay una serie de razones por qué el comer rápido puede ser malo para
mantener el peso.
Dijo que la práctica podría interferir con el sistema de
señalización que le indica al cerebro a no seguir consumiendo porque
el estómago se está distendiendo.
"Si uno come rápidamente está básicamente llenando el estómago antes
de que la información gástrica tenga una oportunidad de generarse -
uno podría estar rebosando la capacidad del estómago", dijo el
profesor.
"El viejo dicho de masticar cada bocado 20 veces puede ser verdad
- si uno se tomara un poco más de tiempo, eso podría tener un
impacto", concluyó.
Ventaja evolutiva
En un editorial que acompaña el reportaje, la investigadora
australiana, las doctoras Elizabeth Denney-Wilson y Karen Campbell,
dicen que el mecanismo que nos hace gordos hoy podría haber sido,
hasta relativamente hace poco, una ventaja evolutiva, que nos
ayudaba a consumir más alimento cuando éste era escaso.
Dijeron que, en lo posible, los niños deberían ser estimulados a
comer despacio y permitírseles parar cuando se sintieran llenos a
las horas de las comida.
El doctor Jason Halford, director del Laboratorio Kissileff sobre el
Comportamiento de Ingestión Humana de la Universidad de Liverpool,
expresó que la manera en que comemos está siendo considerada como un
área clave en la investigación de la obesidad, especialmente desde
la publicación de estudios que resaltan una variante genética
vinculada a la "sensación de llenura".
Su propio trabajo, recientemente publicado en el Journal of
Psychopharmacology, encontró que el medicamento contra la obesidad,
sibutramine, funcionaba desacelerando el ritmo al cual los pacientes
obesos comen.
"Lo que la investigación japonesa ha demostrado es que las
diferencias individuales en el comportamiento de la alimentación
subrayan el consumo excesivo de comida y está vinculado a la
obesidad", afirmó el doctor Halford.
"Otras investigaciones han encontrado evidencia de esto en la niñez,
sugiriendo que podría ser heredado o aprendido a una temprana edad",
añadió.
Dijo, sin embargo, que aun no había evidencia de que tratar de
desacelerar la comida de los niños tuviera un impacto en las futuras
tasas de obesidad.