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Un hogar donde haya valores es
clave
para el desarrollo infantil
La familia tiene tantos significados como aspectos importantes en
la sociedad: es compartir, dar y recibir afecto, escuchar, valorar,
respetar, dialogar, involucrar y aceptar las semejanzas y
diferencias de sus miembros.
Según Martha Patricia López, especialista en educación y orientación
familiar, los padres son los primeros responsables de formar a sus
hijos para la sociedad desde una base afectiva muy sólida.
Para la experta, tanto el padre como la madre deben comunicar
alegría, comprensión y estabilidad frente a sus hijos, quienes,
desde el nacimiento, tienen derecho a ser tratados con amor, respeto
y cuidado.
“El amor es clave, y se debe acompañar a los hijos en sus primeras
sonrisas, pasos y caídas, y animarlos a seguir intentándolo. Los
padres deben ser su apoyo y seguridad”, afirma Luisa Fernanda
Manosalva, sicóloga y máster en intervención sicosocial.
¿Por qué una familia?
“Compartir en familia produce cambios afectivos: ganas de vivir,
motivación y habilidades para comunicarse”, indica la sicóloga Érika
Martínez, de la organización Kidsave. Una familia –agrega– es
fundamental para el desarrollo del ser humano, porque en este
entorno tiene el primer espacio de estimulación y desarrollo
afectivo, pues se alimenta de caricias, palabras dulces y refuerzo
positivo.
La familia –dicen las guías de crianza del Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar (Icbf) y la Sociedad Colombiana de Pediatría–
apoya la formación de hábitos como la alimentación, el sueño, la
higiene y la lectura, entre otros, así como la creación de reglas
coherentes para rutinas diarias y pautas de comportamiento.
También favorece el desarrollo de habilidades motrices y
comunicativas; promueve el juego como medio para que el niño explore
el mundo, madure física y emocionalmente, resuelva problemas y, algo
muy importante: es la encargada de incentivar el respeto y el amor
de los niños hacia sí mismos (al aceptarlos como son y resaltar sus
virtudes) y hacia los demás.
Según el Código de la infancia y la adolescencia, la familia debe,
entre otras obligaciones, “proteger a los niños y adolescentes
contra cualquier acto que amenace o vulnere su vida, dignidad e
integridad personal”.
Los valores, las normas y los límites que se originan en la familia
enseñan al niño lo que debe hacer y por qué hacerlo. El buen ejemplo
es la mejor manera de educar.
A medida que comiencen a crecer, se les debe corregir con cariño,
reconocer sus aciertos y dejarlos tomar sus propias decisiones. Una
familia unida por el amor, la tolerancia y el respeto es el mejor
regalo para un pequeño.
Un mensaje de hijos a padres...
- Los niños se alegran cuando ustedes los felicitan por sus
esfuerzos y logros. No se fijen solo en sus equivocaciones.
- A ellos les gusta oírles decir que los quieren.
- Les fascina que los besen y abracen, porque así sienten su cariño.
- Son felices cuando los miran con amor y sonríen con ellos.
- Se sienten importantes si les dedican tiempo exclusivo.
- Cuando les pegan o gritan, los asustan y los niños sienten que no
los aman. Ellos aprenden más si ustedes les enseñan con amor. Si
cada vez que se enojan les pegan a sus hijos, ellos aprenden que las
cosas se resuelven a golpes.
- Les hacen daño cuando los amenazan con dejar de quererlos.
- La palmada no sirve para educar, se les debe explicar a los
infantes en qué deben cambiar.
- Antes de corregirlos, escúchenlos; tengan en cuenta su edad y lo
que son capaces de hacer cuando les pidan algo.
- Juntos, hagan acuerdos sobre las normas y así les será más fácil
cumplirlas.
- Cuando se equivoquen con ellos, pídanles perdón y así les enseñan
a reconocer los errores.
- Tengan en cuenta sus opiniones para que aprendan a tomar
decisiones.
- Si ustedes tienen problemas que los afecten, recuerden que los
niños no tienen la culpa de ellos. |
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