¿Cómo sé que estoy perdiendo el oído?


 
 
 

El ruido ambiental y el uso masivo de dispositivos electrónicos para escuchar música están aumentando los índices de pérdida de audición. ¿Qué puede indicar que eso está pasando?

Dos señales a menudo enunciadas por quienes consultan por problemas de audición es que, en ambientes normales, parece que todos a su alrededor mascullaran; además, cuando oyen música o ven televisión reciben quejas de sus compañeros o familiares a causa del volumen alto.

Si este es el caso, lo aconsejable, para salir de dudas e iniciar un tratamiento a tiempo (de ser necesario), es acudir a consulta con un fonoaudiólogo.

Además del examen clínico, este especialista puede, mediante una serie de pruebas (entre ellas la de audiometría), establecer si hay pérdida o no y la profundidad del daño.

Entre los factores que contribuyen a la pérdida de la audición están la edad, la exposicion constante a ruidos fuertes (música demasiado alta, por ejemplo), al consumo de ciertos medicamentos, a algunas enfermedades e incluso se considera que un historial familiar de pérdida auditiva también eleva el riesgo de padecerla.

No se trata de un problema infrecuente; alrededor de un tercio de los estadounidenses mayores de 60 años, y entre el 40 y el 50 por ciento de los adultos de 75 y más años de edad, presentan pérdida auditiva.

Si esta se identifica en una etapa temprana, con frecuencia puede tratarse. El especialista podría recomendar el uso de ayudas auditivas, muchas de las cuales superan a aquellas que usaron nuestros padres y abuelos. Algunas se ajustan discretamente detrás de la oreja y otras en la parte interior de la oreja o en el canal del oído.

Otros aparatos para oír pueden ayudar a usar el teléfono y a escuchar mejor el televisor o la música. Estas ayudas para la comunicación no remplazan a los aparatos de asistencia auditiva, pero mejoran la audición en ciertas circunstancias.

Si la pérdida de la audición es muy grave como para usar ayudas auditivas, la persona podría ser candidata para un implante coclear, que consiste en la colocación quirúrgica de un pequeño aparato electrónico en el oído interno. Aunque no se recupera la audición normal, ayuda a percatarse mejor del mundo circundante y a comprender mejor el habla

 

 

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